Introducción:

Hola!

Bienvenido al blogg ''Prohibido Olvidarme''.
Su único objetivo, es que lo leáis, os divirtáis y me deis vuestra opinión sobre él.
Espero que os guste
Un beso y gracias

martes, 15 de noviembre de 2011

Capítulo 28, 29, 30

Capítulo 28

Un par de horas más tarde lloraba desconsolada en su cama. Contemplaba una foto suya y de Gonzalo. Él sonreía inocente pasando un brazo alrededor de ella, que ponía los ojos bizcos y ponía morritos.
Era mentira, no era más fuerte que el sentimiento que la unía a él... Intentaba hacerse la dura, pero le era imposible. Ella no era así. ¿O si? Menuda mierda de vida.
Entonces, la puerta de su habitación se abrió y asomó por ella Yanet.
   -Me ha dicho tu padre que estabas gritando, ¿qué pasa?
   -Déjame mamá por favor.
   -He de equivocarme al pensar que estás llorando, ¿no?
   -¡Déjame joder!
Su madre se encolerizó al escucharla, se dirigió hacia la cama y gritó:
   -¡Martina no tolero que me hables así!
   -¡Que si quiero llorar, voy a llorar ¿me entiendes?!
   -¿Eso es lo que te he ensañado yo todos estos años? Martina, ¡llorar es de débiles! Y cuando eres débil, te hacen daño y sufres, ¿es eso lo que quieres?
   -No mamá, no quiero sufrir.
   -Te lo advertí cuando comenzaste a salir con ese niño... Te avisé de que te iba a hacer llorar, y no me escuchaste. Ahora, paga las consecuencias querida
   -¿Qué quieres que haga si le quiero?
   -¡No le quieres! Cariño, ¿cuándo vas a darte cuenta de que es un capricho más? Dentro de unos días te reirás de ello y te avergonzarás por haber llorado.
   -No... Esto no es cuestión de varios días.
   -Y yo respeto tu decisión. Ya eres mayorcita, y tendrás que sufrir en mayor aumento lo que no quieres sufrir ahora al dejarlo.
   -Por favor, déjalo estar...
   -Está bien. Pero no llores más... Eres demasiado espléndida para hacerlo.
Se acercó y le besó una mejilla.
   -Vale mamá.
   -Por cierto, tu padre ha encontrado un puesto vacante en una cafetería de una estación de servicio en las afueras de Roma...
   -Me alegro de que haya encontrado trabajo.
   -No querida, el trabajo es para ti.
Martina suspiró e intentó no enfadarse más.
   -Os he dicho que no voy a trabajar en un sitio de mala muerte, además, no necesitamos el dinero.
   -Simplemente es para que estés distraída este verano Martina...
   -Quise poner copas en la discoteca y no me lo permitisteis. Mi ultimátum fue o ese sitio, o nada.
   -Eres una inmadura.
   -¿Puedes dejarme sola ya?
Yanet salió de la sala dejando atrás ese respeto a veces violado que le tenía su hija...
Poco más tarde, se volvieron a escuchar gritos desde el salón. Sus padres volvían a discutir una vez más... Y probablemente, sobre ella.
Entonces Bianca y Isabella, sus dos hermanas pequeñas irrumpieron en su habitación.
   -¿Podemos pasar?-dijo la menor de ella sujetando un peluche con una mano.
Martina se limpió los ojos de lágrimas y las recibió en la cama.
   -Claro, venid aquí.
   -¿Qué te pasa?
   -Nada cariño, simplemente que estoy un poco triste.
   -Yo también- contestó Bianca- no me gusta que papá y mamá discutan.
   -A nadie le gusta, pero nosotras somos fuertes. Y nos tenemos las unas a las otras, ¿verdad?
   -¡Sí!- gritó la pequeña.
Martina se acercó al reproductor de música e introdujo el CD que ponían siempre que sus padres discutían, y que les daba la sensación de estar en su mundo... En su propio mundo de amor alejado de roces y gritos. Las tres niñas cantaban a todo volumen, pero sus voces eran camufladas bajo el ritmo de las canciones.
Siempre estarían unidas...
 
 

Capítulo 29

La chica seguía frente al espejo tras esos duros y felices recuerdos.
Poco a poco, y sin ayuda, había conseguido salir de ese infierno que la encadenaba a sí misma.
Pero no era suficiente, la carne es débil y ella también lo era... Así que se arrodilló junto al váter y pasó. Ese, lo que ella llamaba ''vicio adictivo''.
Sí... Verdaderamente lo era.
Lloró, ahogó sus gritos de rabia en una toalla y golpeó con el puño cerrado en diversas ocasiones su muslo. ''Un dolor placa a otro''-siempre había pensado.


Se calzó los tenis, cogió sus auriculares y se fue a correr por entre las recónditas callejuelas de Fiorilla. Llevaba la música a todo volumen, ésto le hacía sumergirse en el profundo mundo de las letras y ritmos pegadizos para así olvidarse de todos sus problemas y pésimos recuerdos.
Las canciones eran su vía de salida más próxima de la realidad... Hacía mucho sol, pero a ella le agradaba sentirlo cálido en su piel.
Fue entonces cuando recibió un mensaje. Martina se detuvo y aprovechó para descansar en un bordillo de piedra.
¿Quién sería a esas horas?
Lo abrió y leyó: ''Te acuerdas de mí? Soy Paolo, pequeña, el moreno de tus sueños''-Martina enarcó una ceja al ver el principio, pero después sonrió- ''sólo quería recordarte que mi cumpleaños es el 4 de agosto, y que por supuesto te espero en casa. Ya he mandado las invitaciones por correo ordinario y supongo que te llegará en cualquier momento.
Un beso preciosa
PD: será la mejor velada de tu vida''

¿Le diría a todo el mundo siempre esa frase?
Sonrió y volvió a colocarse los auriculares. Sonaba Laura Pausini, cantaba canciones en inglés, italiano, español... Era muy versátil y su voz y sus canciones eran maravillosas '' quizás si tú piensas en mí, si a nadie tú quieres hablar, si tú te escondes como yo, si huyes de todo y si te vas siempre a la cama sin cenar, si aprietas fuerte contra ti, la almohada y te echas a llorar, si tú no sabes cuanto mal te hará la soledad...
Martina quiso cambiar la canción, pero ésta siguió sonando..
La soledad entre los dos, este silencio en mi interior, esa inquietud de ver pasar así la vida sin tu amor, por eso espérame porque ésto no puede suceder, es imposible separar así la historia entre los dos...
Clic, siguiente canción.
¿Por qué los mejores momentos siempre tenían que estropearse? Sí, definitivamente debía hacer una limpieza de todas las canciones cursis y bonitas que tenía en el móvil.
Respiró profundamente y pensó que no le vendría mal algo diferente. Iría al cumpleaños para conocer gente nueva, además ella tendría controlado a Paolo... Sabía como tratar con chicos como él.
Guardó su móvil en el bolsillo derecho, pero esta vez sí se percató.
Miró en su interior y efectivamente, llevaba el chicle y la horquilla en el otro. Ésta podía ser una señal de que estaba cambiando...
Entonces le entró la risa, empezó a reír estrepitosamente por la tontería que acababa de pensar. En fin, también ella tenía derecho a pensar gilipolleces.
Siguió su marcha colina arriba hasta llegar a la vieja ermita donde conoció a Francesca, la abuela de Lèo. Las vistas desde ahí seguían siendo igual de espectaculares que el primer día.
Entonces se acercó al tablón de anuncios que reposaba en uno de los muros y leyó alguno de ellos.
Hablaban sobre regatas, excursiones con la parroquia, pesca y caza... Hasta que uno de color fucsia llamó su atención ''se busca camarera en bar Las Antípodas''.
Se le abrieron los ojos como platos, al comprobar que era un anuncio reciente. Bebió un trago de agua, y se marchó a sprint colina abajo.
Llegó a la playa, zona de todos los chiringuitos. Pasó corriendo delante del local donde trabajaba Lèo (al cual no vio) y comenzó a buscar ''Las Antípodas''
Era una terraza bastante grande y mucho más lujosa que los demás bares y cafeterías. Estaba rodeada por un cerco de madera blanco y se podía contemplar dentro de él una piscina y decenas de mesas blancas con sombrillas de madera y mimbre.
Atravesó la puerta de entrada y se dirigió hasta la barra en busca de algún encargado.
Había un par de personas, que tras ser despachadas dieron turno a Martina.
   -Hola- saludó a la camarera- he visto el anuncio, y me gustaría pedir información sobre el puesto.
La chica de cabellos rubios rizados un poco rechoncha sonrió y explicó.
   -Se adentra el verano, y con él todos los turistas. Necesitamos personal tras la barra, pero también que estén dispuestos a traer y llevar la comida a la terraza. ¿Cuántos años tienes?
   -18 y estaría muy interesada si le soy sincera. ¿Podría decirme el horario?
   -Por supuesto, estamos buscando a una personas que trabaje de lunes a jueves de 10 de la mañana a 1 del mediodía, a otra que haga los mismos días pero de 16.00 de la tarde a 21.00 de la noche, y a dos personas los viernes de 22.00 de la noche a 03.00 de la madrugada. En este último día el local se cierra mucho más tarde ya que se hace una fiesta tema. Cada viernes por la noche, se prepara todo con el decorado referente al tema y se llena de gente joven a la que hay que servir. ¿Te viene bien alguno?
   -Es probable, antes tendré que consultarlo pero puede ir adelantándome precios.
La mujer la miró de arriba a abajo y carraspeó.

Capítulo 30

   -Antes debería saber que el puesto es temporal, es decir, finaliza el 31 de agosto. El horario de mañana, sería por unos 100 a la semana , el de tarde 500, y el de los viernes, 50 euros la noche.
   -Parece interesante... Y ¿podrían combinarse alguno de los horarios?
   -Por supuesto, puedes hacer el de mañana o tarde junto al de los viernes. Depende de las horas en las que estés interesada trabajar.
   -Perfecto. Pues si le parece, me acercaré en cuanto pueda para darle una respuesta. Me llamo Martina, ¿quiere que le de mi número?
   -No, no es necesario. Pero debes saber que estos puestos están muy solicitados, no te aseguro que cuando vuelvas sigan sin estar cogidos.
   -Descuide.


Martina salió de Las Antípodas rumbo a casa de Anne. Sería perfecto poder trabajar por las mañanas. Así se vería obligada a levantarse a una hora exacta todos los días y poder estar entretenida hasta el mediodía, que volvería a casa y aún tendría tiempo a hacer la comida. Pero antes debería hablarlo con Anne.
Tras subir por las escaleras de piedra y atravesar el parque, abrió la puerta y llamó a la anciana muy emocionada, que en esos momentos se encontraba delante de la televisión en la salita de estar.
   -¡He encontrado trabajo! Leí un anuncio del bar las Antípodas, que están buscando camarera .He ido a pedir información y sería perfecto el horario de mañana, de 10.00 a 13.00 de lunes a jueves. ¿Qué le parece?
    -Magnífico, no sé como no se me ocurrió antes... Se repite todos los años, por estas fechas. Es un local para adultos estirados ¿Te gustaría trabajar ahí?
    -Sí, la verdad es que sí. En el caso de que usted me lo permita por supuesto. Estaría en casa todos los días para hacer la comida, y antes de irme le puedo dejar el desayuno preparado.
   -No te preocupes querida. Por mí está todo bien.
   -¡Muchas gracias Anne! Por cierto, me pareció un tanto extraño un pequeño detalle ¿por qué el tablón de anuncios de la aldea se encuentra en la ermita?
   -Todos aquí son creyentes, y el lugar que más frecuentan es ese. Así siempre están informados sobre las últimas noticias.
   -Entiendo... ¿Usted cree en Dios?
   -Sí, aunque no lo tomo como algo rígido como muchas otras personas. La abuela de Lèo va todos los días a escuchar misa, pero yo no podría. Soy una... ¿Cómo decís los jóvenes hoy en día? ¿Una rebelde?
   -¡Sí!- y rió- bueno, ahora mismo voy a darme una ducha y vuelvo a bajar para pedir el puesto.
   -¿Has estado haciendo deporte?
   -Sí, me fui a correr hace un rato.
   -Se nota...
Martina abrió los ojos sorprendida, y disimuladamente levantó el brazo para comprobar su olor corporal.
Anne soltó una carcajada, y como si la estuviera viendo exclamó:
   -¡Era una broma!
La chica sonrió y subió a la buhardilla a ducharse. Al fin iba a sentar la cabeza.
 
   -¿Nombre?
   -Martina Colucci.
   -¿Edad?
   -18.
   -¿Experiencia?
   - Ninguna... - contestó avergonzada.
El dueño del bar-restaurante se encontraba frente a ella, con una pluma en la mano apuntando todo lo que decía. Llevaba gafas y tenía un gracioso bigote que se enrollaba cuan largo era sobre sus labios. Era algo rechoncho y aparentaba unos 50.
   -¿Ninguna, ninguna?-contestó.
   -No oficial. Alguna vez he sustituido a algún amigo en su puesto, he servido en fiestas privadas y he ayudado a preparar todo tipo de bebidas.
El hombre suspiró, miró a Martina por encima de las gafas y por último miró sus apuntes.
   -Como comprenderás, este puesto es muy solicitado cada año. Solemos tener varios candidatos y entre ellos, personas muy cualificadas que han trabajado sirviendo años y años. El anuncio lo pusimos ayer, y ya tenemos 3 personas interesadas en él. Así que, sintiéndolo mucho, dudo que nos decantemos por ti.
A Martina le hirvió la sangre. Estuvo a punto de gritarle que la mejor discoteca de Roma le había ofrecido trabajo ese mismo año y ahora él le estaba denegando un puesto en su bar con aspiración a restaurante.
Pero entonces, algo ocurrió, algo que le hizo cambiar el chip. Nunca llegaría muy lejos con esa actitud prepotente y maleducada. Así que quiso intentarlo por última vez...
   -Entiendo. Pero personalmente, opino que podría aportarle un aire nuevo al local.
   -¿A qué te refieres?
   -Soy joven y una de las desventajas de ello es no tener experiencia alguna. Pero también tiene sus ventajas... - hizo una pausa.
   -Continúa.
-Bien. Sería algo novedoso, ya que por lo que me han comentado éste lugar sólo es frecuentado por personas adultas... Podría hacer que también lo frecuentaran jóvenes.
   -¿Y eso cómo?
   -Es muy fácil, simplemente hay que conocer su mentalidad, saber qué es lo que demandan...
   -¿Y qué demandan?- preguntó extasiado el hombre.
   -¿Está muy interesado en saberlo?
   -¡Sí, sí! Cada vez nuestros clientes son más mayores y eso no nos favorece precisamente.
   -Yo podría remediarlo, siempre que estuviera dispuesto a contratarme y a hacer unos pequeños cambios en el local.
   -¿Y quién me asegura a mi que tus procedimientos tendrían éxito?
   -Podría demostrárselo ahora mismo.
   -¿Qué necesitas?
   -La cocina y la parte de su terraza deshabitada.
   -¿La que está junto a la piscina?
   -Exacto, ¿cree que para mañana podría poner unas cuentas mesas?
   -Supongo. Pero debes asegurarme que los ''jóvenes''-puso un gran énfasis en esa palabra- no espantarán a mi clientela habitual. A veces pueden resultar demasiado salvajes y Las Antípodas, es un restaurante con mucho glamour.
   -Tranquilo, todo estará controlado.. Pues me pasaré por aquí mañana a primera hora para organizarlo todo. Nos vemos señor...
   -Tusberti.
-Señor Tusberti. Mañana tendrá el local irreconocible, aunque no faltará glamour, se lo prometo.
   -Hasta entonces.
Martina corrió la silla y abandonó el despacho elegantemente. Tenía un plan, y para ello necesitaba la ayuda de Lèo.
Pasó por Aguamarina, pero ya había acabado su hora de trabajo, así que marchó directamente a casa a comer. Le estaba contando su plan a Anne cuando entonces, recordó que tenía algo que contarle.
   -Se me ha olvidado decirle que esta mañana por fin he hablado con mi madre.
   -¿Y bien?
   -Al principio todo bien, pero luego se enfadó y me exigió que volviera a casa... Así que le colgué.
   -¿Pero le dijiste dónde estabas?
   -No, simplemente le expliqué que estaba bien y que me había marchado porque necesitaba comenzar de cero.
   -Martina, voy a ser muy franca en este tema. Sólo podrás quedarte en casa con la condición de que llames a tus padres un par de veces a la semana, quiero que los mantengas informados, ¿de acuerdo?
La chica se lo pensó durante unos instantes, pero no tuvo más remedio que ceder.
   -Está bien.
Terminaron de comer, y mientras Martina recogía la cocina, llegó Lèo. Iba duchado con unos pantalones cortos vaqueros y una camiseta blanca que le resaltaba el bronceado mucho más.
Tras hablar un rato con Anne, ésta se fue a su habitación y ambos se quedaron solos en la sala de estar.
   -¿Estás mejor?- le preguntó el chico.
   -Sí, gracias... Siento el numerito.
   -No importa.
   -Por cierto... Me pasé más tarde por Aguamarina, pero no estabas.
   -Mi turno acaba a las 2, ¿qué querías?
   -Verás, necesito que me ayudes. El bar-restaurante Las Antípodas está buscando camareras, pero al no tener experiencia no querían cogerme. Pero entonces, le comenté que tengo unas cuantas ideas para llenar su local de gente joven, pero claro... El problema es que no conozco a nadie aquí. Ahí es donde entras tú.
   -¿Quieres que avise a mis amigos?
   -Estaría bien, sí.
   -Mira, esta noche he quedado con mis compañeros de fútbol. Pronto tendremos un campeonato y tenemos que empezar a entrenar si queremos aspirar al premio. Puedes venirte, así te los presento y se lo comentas tú.
   -¿Qué campeonato es ese?
Lèo bajó la mirada y se acurrucó un poco más en el sofá.
   -El del cumpleaños de Paolo.
   -¿Cómo?
Ésta se quedó boquiabierta al contemplar tales ironías de la vida.
   -¡Pero si os lleváis fatal! ¿Cómo es que él te ha invitado, o peor aún, cómo es que vas a ir?
   -Todos los años se celebra, y ¡el equipo ganador se lleva 500 euros! Siempre hemos participado y mis compañeros me matarían si propusiera no participar. La verdad es que nos hace falta el dinero a todos.
   -Entiendo...
   -Bueno, ¿paso a buscarte entonces a las siete?
   -Sí, mientras iré haciendo carteles para colocarlos por las calles.
   -Pues hasta luego fea.
Lèo se levantó del sillón, le guiñó un ojo y se marchó.
''¿Hasta luego fea?, ¿hasta luego fea?''
Una sonrisa tonta bañó su cara mientras unas maripositas le volaban en el estómago. ¿O era el frío de la tarta que había tomado de postre?
No, no... no quería engañarse a sí misma. Eran maripositas.

2 comentarios:

  1. me encantaaa como escribes de verdad!!
    te sigo! espero que tu tambien lo hagas! =) http://saloasensiobaloo.blogspot.com/

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